El desembarco del Rey.

📓 Cuaderno de bitácora · Día 2

El desembarco del Rey.

Julio 2024 · Kioto

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He de decir que este es quizás el viaje mejor preparado que hemos hecho nunca.

Es alucinante la cantidad de información que hay en internet, en blogs, en Instagram…

Sin duda Japón no es ya “ese gran desconocido” que nos vendían, pero aún así tiene sus peculiaridades.

Pero vamos a por lo que habéis venido a buscar…

Lo primero “mía questa lejo japón…”

https://youtu.be/RzZwJgFZqno?si=i6ZT4UNHQJupA9tq

Ya lo decía “No me pises que llevo chanclas”…

Hay que montarse en avión un buen rato… en nuestro caso dos buenos ratos. El primer vuelo a Beijing era de solamente 11 horas y 25 minutos… el segundo unas 3 horas hasta Osaka.

Sumado a una escala de otras 3 horas y pico, nos daban un total de 18 horas dando cabezadas, viendo series y comiendo…

Lo de las cabezadas, es normal, en este tipo de vuelos nunca consigo dormir más de una hora y media seguida, por el ruido, la postura, las interrupciones varias… es como una tortura, pero con un final feliz.

Las series, menos mal que pude descargar algo de mis plataformas en el móvil, por si no os lo he dicho, volábamos con Air China y los contenidos de las pantallas eran… curiosos…

Y la comida… como la del chino de al lado de casa… sin más.

Al llegar a Japón, al igual que en casa cuando como chino, el efecto limpiatuberías del glutamato monosódico me hizo buscar un baño y es ahí cuando te das cuenta que estás en el siglo XXII, llegas y ves los mandos del trono… desembarco del rey, chorrito, secador ojetil y bienvenido a Osaka.

Primera cola. (Iros acostumbrando, las pienso contar todas). Toma de huellas dactilares y rasgos biométricos.

Si eres ciudadano extranjero lo primero es registrarte por si la lías, sabiendo que hay cámaras por todas partes da un poquito de rollo que puedan saber dónde estás en cada momento, pero oye, si así la gente está más calmada… sí, estoy pensando en los practicantes de balconing que nos visitan cada verano…

Segunda cola. Control de pasaporte.

Hay una web Visit Japan que te permite registrarte con anterioridad, subir tus datos de pasaporte, foto de carnet y hacer la declaración de bienes y aduanas online antes de salir de casa, bastante útil en un primer momento para no rellenar tarjetas en el avión.

Pues bien, les importa más eso que el pasaporte casi, ya que en el control de pasaporte lo primero que te piden es que escanees el QR que te genera esa webapp con todos tus datos, y mientras sellan el pasaporte no dejan de leerlo… no sea que declares que SI traes explosivos…

Tercera cola. Control de aduanas.

Mira si es importante lo del QR que cuando crees que vas a salir hay otro control, donde vuelves a escanear el QR y si tienes mala suerte te paran, no fue el caso, ya os esperábais el salseo de la escenita en aduanas explicándole al guardia qué son lo quicos…

Ya en la salida de la terminal, por fin, teníamos dos opciones, bus o tren a Kyoto, las diferencias són 2€ mas y 15 minutos menos el tren… sin contar que un tren siempre es más cómodo y espacioso que un bus… y ya habíamos disfrutado suficiente privación de movilidad durante los vuelos… así que fuimos a por los primeros billetes de tren en JPN.

Cuarta cola. Los billetes.

Llegamos a la estación de tren del aeropuerto y la entrada es un montón de colas diferentes para hacer cosas diferentes… que si unas maquinitas verdes, otras azules, otras azules con un letrero blanco, la oficina con personas, la entrada a los andenes…

El reto es decidir en qué cola ponerte, no tienes billete, así que a los andenes no vas, una descartada…

Creo que soy un tipo tecnológicamente hábil, la cola de hablar con personas descartada también…

Ahora había que buscar en las máquinas… y ahí es cuando vimos la señal… Hello Kitty nos estaba esperando… creo que hay un tren normal para ir a Kyoto desde allí pero no había duda, Hello Kitty era viajar con estilo. Así que ya teníamos nuestra cola, la de las maquinistas azules y blancas…

Luego ya viene cuando te enfrentas a la realidad de los mil tipos de billete y opciones especiales que hay para pillar un tren… y como lo saben, hay un tipo que sin decir nada te vigila… y a mí cuando iba a sacar mis billetes me interrumpió para decirme que para pillar el tren especial, hay que comprar un billete normal y después el especial, ahí me acojoné por que lo primero que pensé es que tenía que ir a la cola de las maquinistas verdes y volver, pero no, el tipo obró su magia (que para eso llevaba gorra de oficial de marina o algo) y me enseñó a sacar dos tiquets en uno…

Y nada, nos ahorramos la cola del andén por que se había despejado, así que entramos al andén, nos sentamos y llegamos a la estación de Kyoto en un visto y no visto de 75 minutos.

Salir del andén no fue nada del otro mundo, no así salir de la estación.

La marabunta de gente abruma, por suerte, antes de bajar del tren había consultado en qué dirección quedaba nuestro apartamento y a eso me aferré. Hacía el sur-oeste, me llevé donde me lleve.

Fuimos más o menos bien subiendo y bajando escaleras y de paso me iba fijando en los diferentes puntos donde había máquinas de billetes, por si alguna servía para conseguir la IC Card, una especie de Oyster que puedes usar como tarjeta de pago en según qué visitas, tiendas y servicios, además de pagar trenes, metros y buses. No fui capaz de identificar el lugar, pero conseguimos salir de la estación y llegar al apartamento.

Duchita rápida, para quitarnos el olor a avión y sudor, y especialmente para despejarnos y trampear el jet lag, que las pocas horas de sueño iban mellando las fuerzas y cualquier apalancamiento era peligroso.

Salimos de nuevo, dirección a la estación con la idea de conseguir la IC card antes de ir a hacer el guiri. Y fue más fácil de lo esperado, me acerqué a unas máquinas dónde había una señora con gorra y le pregunté, y ella obró su magia en la máquina y me sacó la tarjeta, repliqué el proceso y saqué la de Ruth… me sentí bien.

Fuimos al metro, estrenamos la IC card para entrar al metro, todo en orden, pillamos uno dirección al centro de la ciudad, a las calles comerciales y nos perdimos por ellas un rato. Hasta la hora de cenar, que fuimos a pillar un bus… colas… lo bueno de alojarse cerca de la estación de tren es que la mayoría de buses te dejan cerca, así que elegimos parada de bus dónde hubiera menos cola.

Nos fijamos en el microcosmos de los buses, haces cola, la quinta del día, en un punto concreto marcado en el suelo, ya que es ahí dónde para el bus, bueno, dónde para la puerta trasera, que es por dónde se accede, te sientas y a disfrutar del concierto, ya que el conductor lleva un micro y va cascando todo el trayecto, entiendo que va dando los nombres de las paradas, pero alguno se toma licencias y hace ruiditos cuando arranca o frena… al salir, sales por delante y pagas al conductor, tiene un lector de IC cards y la máquina para echarle las monedas y todo lo necesario, pues bueno, al picar la tarjeta ERROR… parece que no había marcado la salida del metro correctamente y ahora tenía una tarjeta con mogollón de crédito, inservible… bravo!

Pagamos con la de Ruth, y me apunté la preocupación para el día siguiente.

Arrasamos en un Konbini (tiendas de conveniencia) con onigiris de todo tipo, nigiris de salmón, platos de arroz y fideos con cosas, patatas sabor KFC, bebidas y café en lata para el desayuno… y para el apartamento, cenar y a dormir, que ya iba siendo hora…

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