Amanecer en el aeropuerto, anochecer a 36 grados

📓 Cuaderno de bitácora · Día 1

Amanecer en el aeropuerto, anochecer a 36 grados

Julio 2026 · Colmar

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Madrugón épico para abrir el viaje. Tengo sentimientos encontrados con eso de ver amanecer en un aeropuerto… la escena queda muy bonita, y el precio son cuatro horas de sueño.

La llegada a Basel, sin más.

Primera cola: el mostrador de Sixt. (Iros acostumbrando, las pienso contar todas.)

Y aquí va la teoría del día. Lo de las pateadas en los aeropuertos es algo digno de estudio. Alguien, en algún despacho, se ha propuesto que hagas los 10.000 pasos del día de camino a tu puerta de embarque, por pequeño que sea el aeropuerto. Es el Camino de Santiago pero con moqueta y fluorescentes. Y si el sistema detecta que no ha sido suficiente, te manda a tomar por saco a recoger el coche de alquiler…

Montados por fin en el Polo azul, que va a ser nuestra casa, nuestro armario y nuestro comedor durante doce días, rumbo a la primera parada de la ruta alsaciana.

Eguisheim. Uno de los pueblos más bonitos de Francia, dicen. Podemos discutir largamente sobre si esto es Francia.

Con el reto de aparcar incluido en el precio de la entrada. Primer intento, lo más cerca posible del centro, como todo hijo de vecino: fracaso. Segundo intento, a lo seguro, el parking más alejado de todos.

Bingo.

Diez minutos andando hasta el centro y, por el camino, baños públicos gratis. No sabía que me meaba hasta que los vi.

Le dimos la vuelta entera al casco histórico en unos cuarenta minutos. Las plazas, las casas torcidas de colores, todo muy Port Aventura pero con gente viviendo dentro.

Dicen también que Eguisheim es el pueblo que inspiró La Bella y la Bestia. Y si Ruth es la bella de esta historia, ya me contaréis qué papel me queda a mí… sobre todo después del madrugón y con la camiseta pegada a la espalda.

Entramos en la iglesia justo cuando estaban tocando música clásica. Un extra que no habíamos pagado…

Y pal coche.

Colmar, a comer a la hora de los franceses, que es cuando en España ya vas pensando en dejar el café con leche y pedir la primera caña. Les Bateliers. Cantidades muy generosas y todo muy rico. Yo me pedí un platazo de choucroute con carnes —lo he escrito de cuatro maneras distintas y ninguna era la buena— brutal.

Hicimos media visita a Colmar. Media, porque el calor y la digestión se pusieron de acuerdo para tumbarnos.

Check-in en el hotel, siesta y climatización a todo trapo.

Resucitados, terminamos la otra mitad de Colmar y otra vez a por el coche.

Turckheim nos encantó. Muy tranquilo, muy pequeñito, nada que ver con lo anterior. Aquí no hay que esperar a que nadie se quite de la foto.

Íbamos con la ilusión de ver la ronda del veilleur de nuit, el vigilante nocturno. Eran las seis de la tarde. El hombre sale a las diez. No daba para tanto.

Parada técnica para reponer líquidos, que con este calor no es un capricho, es mantenimiento.

Entre una cosa y otra se nos hicieron las 19:45 y a buscar cena. Nos apeteció brasserie, así que vuelta a Colmar: Winstub au Cygne.

La tabla de quesos… sin más. Las tartes flambées, deliciosas.

La lástima es que ahí solo te ponen en la terraza, y a las 20:30 seguíamos a 36 grados. Cenando básicamente dentro del horno donde se hacen las tartes.

Recogida al hotel, ducha y serie.

No hubo serie.

Nos pudo el sueño.

Bona nit!

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