📓 Cuaderno de bitácora · Día 10
Tren a Calcuta.
Agosto 2023 · Varanasi
Preparamos las maletas antes de desayunar, evidentemente mis zapatillas sin reparar se empaquetaron para ver si en la siguiente parada tenían mas suerte, la verdad es que no me veo pateando Bombay con las zapas indias…
Desayunamos y bajamos el equipaje, pasamos cuentas con el “reparador” y la decisión fue buscar otro sitio donde apalanquarnos… ojo al espíritu viajero.
Así pues, pillamos un tuktuk y fuimos a un hostel con restaurante modernillo, cerca de la zona de la estación.
Llegamos sobre las doce y media y allí no parecía haber mucho movimiento, así que nos pedimos unos cafés y nos apalancamos en un sofá.
Los cafés tardaron una vida en prepararlos, por lo que vista la agilidad, pedimos ya la comida, para que no nos sirvieran a la hora de la merienda… y hicimos bien.
Al rato, sirvieron la comida.
Poco después, nos dimos cuenta que el restaurante lo tenían en otro edificio, que habíamos estado en la zona de backpackers… en fin, que allí nos quedamos.
Por aquel entonces nuestro tren que tenía el inicio de ruta sobre las 13h en algún lugar, ya había sido retrasado dos horas, así que no teníamos demasiada prisa por movernos, pese a que a la gente del hostel/restaurante se les hacía raro tenernos por allí.
Aún pedimos otra ronda de cafés, pero ya era alargarlo demasiado, por lo que decidimos cambiar de ubicación, a un KFC cercano…
Nuestro tren, tenía inicialmente una salida programada a las 18:40, pero con el retraso de dos horas y el acumulado por el camino nos marcaba la salida cerca de las 21:00.
Aún así al rededor de las siete nos plantamos en la estación, casualmente disponía de una sala de espera Premium de pago (poco más de un euro por dos horas) así que nos metimos ahí con su aire acondicionado y sus sofás de escay.
Unos lugareños tuvieron a bien conectarse a las pantallas de la sala y poner una versión moderna de estilo bollywood de Robin Hood, o algo así, con sus ridículos bailecitos durante las peleas y el abuso del slow motion, no podíamos parar de reír, para mosqueo de los autóctonos que se sabían hasta los diálogos…
En la aplicación de los trenes hay un apartado que te permite pedir comida delivery en tu vagón, en nuestro caso, en el camarote… así que, pese hacer acopio de aguas, colas, cafés en lata, patatillas, galletas y demás… nos la jugamos pidiendo, ojo cuidao, UNAS PIZZAS DE DOMINO’S PIZZA.
Mientras tanto, nuestro tren seguía acumulando retraso, otros 45 minutos, pero ya hartos de esperar fuimos hacia el andén.
A eso de las diez, ya estábamos instalados en nuestro camarote, que pedimos que limpiaran un poco antes, ya que habían salido dos Batman (mujer islámica con el niqab negro a modo de caballero oscuro) y su familia del trayecto anterior, y pese a haber un cubo de basura, los envoltorios de los caramelos estaban todos en el suelo, así como botellas de agua y demás plásticos.
Tuvimos que esperar a las doce para que el tren iniciara la marcha.
Por aquel entonces habíamos perdido toda esperanza de que las pizzas subieran al tren en la siguiente parada, incluso lo comenté con el encargado del vagón de primera, un chaval de unos 18 año que anda fumadísimo por el pasillo, y su primera reacción es que no conocía la app… y la segunda fue de sorpresa por que había pagado por adelantado…
Poco más tarde, ya en la siguiente estación, apareció el revisor para comprobar nuestras localidades, junto con el responsable de mantenimiento y el chaval de la fumada, y volvió a salir el tema de las pizzas, que no tenían ni idea de qué hacer o esperar… todo presagiaba un final insatisfactorio, cuando de repente, al fumao se le abrieron los ojos como platos, el de mantenimiento abrió la boca hasta tocarle el mentón el ombligo y el revisor arqueó las cejas cual Sobera… fumetis me tocó el hombro y me señaló el pasillo… y ahí estaba, como Mitch Buchanan, el vigilante de la playa (pero en azul), abriéndose paso entre la gente, sabedor de estar cumpliendo una tarea sagrada, la de entregar una pizza calentita a tiempo. Os juro que lo vi avanzar a cámara lenta y que de fondo sonaba aquella melodía… “I’ll be ready”, de hecho su melena rubia se movía al compás de las zancada, fue una imagen épica… me hice un selfie con él, abajo está.
Total, le dimos una propina desproporcionada, pero directamente proporcional a nuestra sorpresa.
Cerramos el camarote y disfrutamos de la cena.