📓 Cuaderno de bitácora · Día 9
Varanasi.
Agosto 2023 · Varanasi
Nos levantamos tarde, después de la aventura del día anterior, tren eterno y caminar entre las aguas cual mesías, no teníamos prisa por ver las cuatro cosas que Varanasi ofrece a los viajeros que no arriesgan demasiado.
Desayunamos en el hotel y decidimos hacernos con unas zapatillas nuevas, ya que las nuestras estaban empapadas o las mías concretamente con la suela despegada…
Así que fuimos a una zapatería local y por 9 euros ellas y 15 nosotros, nos hicimos con unas zapatillas Made in India, feas de cojones y relativamente cómodas para andar lo que queda…
Con calzado nuevo, nos fuimos a callejear, a ver a la peña bañarse en los Ghat, a ver el Bazar, intentamos sin éxito llegar a los crematorios, pero no elegimos la ruta adecuada y empezaba a apretar el calor…
Resulta que domingo y lunes son las festividades de Shiva, así que vamos a experimentar lo que vienen siendo aglomeraciones de gente en uno de los países más poblados del mundo… con calma.
Decidimos volver al hotel a darnos una ducha y a comer, de camino un crío bendijo a Oscar a cambio de unas rupias… al igual que en España, en lo relacionado con las religiones, ni siquiera las bendiciones son gratis…
Después de comer y revisar las previsiones de lluvia, nos arriesgamos a hacer la ruta larga para llegar a los crematorios, pasamos frente al templo dorado y llegamos al ghat, no hicimos fotos, ya que por respeto a las ceremonias que se estaban llevando a cabo en el templo y la cremación de difuntos, decidimos dejar los móviles en el bolsillo.
Al llegar a Manikarnika Ghat un chico, al parecer voluntario, nos invito a acompañarle para explicarnos el funcionamiento de los crematorios, nos subió a la parte de arriba, junto a una de las seis piras encendidas quemando cuerpos, y nos explicó junto al fuego que esa era la manera más rápida de llegar al Nirvana… yo creí que era la manera más rápida de que me diera una lipotimia debido al calor, al humo y al olor… por lo que seguiré prefiriendo el grupo de Kurt Cobain para acercarme…
Posteriormente, bajamos a una planta inferior, donde nos mostró la pira de fuego eterno, que una misma familia lleva un par de cientos de años manteniendo encendida para prender las piras superiores.
Después de eso, obviamente pidió la correspondiente “donación”… eligió mal a quién pedir, por que yo soy el de las tarjetas y Oscar el de los billetes…
Volvimos mimetizados con los cientos de personas que se movían por las calles, antes de que empezara a llover, no fuera el caso de que se inundara todo de nuevo.
No se inundó, por lo que Ruth y yo nos aventuramos a salir a cenar, pero la llovizna la gente, el ruido y las colas en los sitios hicieron que se quedara solo en un paseo.
Pillamos unas patatillas y a dormir.
Para los que seguís intrigados con la reparación de mi zapatilla… el colega del hotel me ha dicho que no se puede mientras estén húmedas… ojo el genio…