La estupidez humana y la llamada de la naturaleza.

📓 Cuaderno de bitácora · Día 5

La estupidez humana y la llamada de la naturaleza.

Julio 2024 · Nara

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Como el día anterior se hizo largo, habíamos dejado la visita del Templo Toji para hoy, la idea era ir a verlo al volver de Nara, lo teníamos justo al lado del apartamento, y eso suele ser peligroso, por que lo dejas y piensas que sacarás un momento… dado que habíamos madrugado y el trayecto a Nara es relativamente corto, decidimos verlo a primera hora.

Menudo acierto, estaba nublado, por lo que pasear por los jardines era agradable, la pagoda de 5 pisos era impresionante, pero lo mejor de todo, el interior de dos templos uno con una preciosa estátua de Buda y el otro con un montón de ellas… en el primero se me puso hasta la piel de gallina… lamentablemente estaba prohibido hacer fotos, afortunadamente nos lo llevamos en el recuerdo.

Hecha esta visita, fuimos a la estación central, sin caer en que podíamos haber tomado el tren a Nara en la estación de al lado de Toji… sí miras Maps te lía, si no lo miras te lías tú…

Por el camino paramos en un Konbini a por unos cafés fresquitos, la idea es siempre ir al baño después, vaya si se cumplió la idea.

De camino a los andenes tenemos ubicados nuestros baños de confianza, allí paramos.

Conseguimos llegar bien al tren, un tren regular para la ida. Teníamos reserva para el tren especial a la vuelta.

A las pocas paradas de salir, la llamada de la naturaleza hizo que tuviéramos que bajarnos y buscar un baño.

La lógica dice que el siguiente tren de la línea que pase por el mismo andén debe continuar tu trayecto.

Google decía que sí.

Pues no.

Subimos y por megafonía anunciaron que en tres paradas finalizaba el servicio, así que en la siguiente estación volvimos a bajar, y a esperar el tren exactamente igual al que tomamos al inicio.

Aprovechamos una vez más para limpiar tuberías.

Llegados a Nara, la idea era ver un par de cosas que son visita obligada y por el camino hacer monerías con algún cervatillo.

Pues no hizo falta buscar mucho a los animales, la estupidez humana y su egoísmo desaforado ha hecho que animales salvajes hagan reverencias a cambio de galletas, y que en lugar de estar en el parque, estén invadiendo las aceras al rededor de los puestos de venta de las dichosas galletas.

Todo el camino a los templos a visitar estaría plagado de animales pidiendo galletas, unos más pasivos y otros más insistentes, pero el caso es que todos están desde crías totalmente condicionados.

Decidimos primero subir un poco por el parque hasta el Kasuga-taisha, un templo cuya característica principal son las linternas de piedra que decoran todo el camino, y los cientos de linternas de bronce que atesora el templo, un par de veces al año se encienden y se peregrina al atardecer, imagino que la sensación debe ser apabullante, dado que en el templo tienen una sala oscura con algunas de las lámparas encendidas podemos afirmar que es simplemente mágico.

Después la visita al enorme Templo Tōdai-ji, con su Gran Buda, absolutamente gigantesco. Pasas una primera puerta enorme, con dos estátuas flaqueándola igual de imponentes, dejas a la derecha el habitual lago artificial y te encuentras otra enorme puerta, esta si que acompañada de murallas, y tras flanquearla por el lado de las taquillas accedes al recinto donde un edificio soberbio aguarda.

Dentro, un enorme Buda que da cuenta de lo gigantesco que es todo.

Una excelente visita, sin duda, salvo por el detalle de los pobres animales, su utilización comercial, y ya puestos, el hedor…

Junto a la estación decidimos que queríamos comer Tonkatsu, miramos las recomendaciones y sí, teníamos una famosa cadena especializada a pocos metros, pero con una cola importante, Google en esta ocasión nos recomendó bien, fuimos a otro pequeño local, regentado por dos chicas encantadoras que al estar poco concurrido nos trataron de lujo. Al poco, se llenó el local con señores locales que parecía venían de sus oficinas…

Tras la comida, café en una cafetería muy pija, sin más. Y tren Especial de vuelta, con todo el pijerío. Curiosa la experiencia de subirse al tren, con sus butacas y sus mesas… el tema del Sightseeing no lo entendí muy bien, las vistas por el camino no son nada del otro mundo, es más, tiran a feuchas…

Al llegar al apartamento tocaba laundry, aprovechando que teníamos lavadora y secadora, limpiamos las 4 cosas que habíamos usado.

Hicimos la maleta y nos fuimos a pasear por el mall de al lado de la estación y de paso cenamos unos udon fríos en el food court del mall… todo muy local…

Bona nit.

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