La mejor carne del mundo.

📓 Cuaderno de bitácora · Día 6

La mejor carne del mundo.

Julio 2024 · Kobe

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Cuando hay que viajar, Ruth siempre se pone nerviosa, es de esas personas que le gusta estar 2 horas antes en el aeropuerto o la estación, aunque no haya nada que hacer.

Así pues, madrugamos bastante, recogimos el apartamento de Kyoto, fuimos a la estación, pillamos los cafés de konbini, visitamos nuestros baños de confianza, paseamos la zona comercial… y nos dimos por vencidos, faltaba más de hora y media para la salida del tren, por lo que fuimos a adelantar los billetes.

De ese modo, adelantamos todo el día una hora, lo cual no estuvo mal.

Llegamos a Kobe, fuimos al hotel a dejar las mochilas y fuimos a dar un paseo por la zona alta de la ciudad antes de comer.

La zona alta aún conserva vestigios de un pasado dónde los ingleses dominaban la colina, así que pese al calor sofocante y las empinadas cuestas, vimos distintas casas de estilo victoriano… sí pagabas podías entrar a verlas… pero… teniendo UK a 50€ de Ryanair…

En fin, subimos al santuario de lo alto de la colina, donde las vistas eran bastante impresionantes.

Mirando hacia el puerto Ruth cayó en la cuenta que Kobe no era el pueblito con granjas de vacas que ella tenía en su imaginario, yo lo descubrí un mes antes, preparando la visita…

Tras la inmersión cultural, tocaba la gastronómica.

La fama de la carne de Kobe es conocida por todos, de ello se han encargado algunos de los restaurantes con más solera y saber hacer de la ciudad, que llevan años trabajando para posicionar la marca Kobe. Restaurantes como Ishida o Mouriya que tenía en mi radar.

Pero claro, carne de Kobe hay de muchos tipos e incluso hay carne de raza wagyu que no es siquiera de Kobe, por ejemplo me consta que en Catalunya tenemos una granja que cría esta raza.

Digo esto por que es importante saber qué carne y de qué categoría pedimos la carne, que va del A1 como la carne más corriente a la A5 la más excelente, evidentemente luego podemos hablar del corte, solomillo y filete son las partes más especiales, por su veteado y su sabor…

Bueno, creo que ya os he dado pistas suficientes para saber qué piezas y de qué categoría pedimos la carne.

Si te cuesta menos de 125€ estás comiendo lo mismo que podrías comer en tu casa…

Veníamos con la reserva hecha de días, en Royal Mouriya a las 14h, uno de los clásicos, pero antes quise probar suerte sin reserva en Ishida, ya que el restaurante está recién renovado y tiene pinta de más pijillo, además eran las 13h, por hacer tiempo…

Llegamos, y la Maitre nos preguntó si teníamos reserva, le dije que no, pero aún así consultó en la tablet… se me olvidó decirle mi frase “si me sientas te va a salir bien…” y al parecer debería haberlo hecho, ya que me miró con carita de pena y me dijo que no había sitio.

No pasa nada, pensé, tengo reserva en el otro…

Pues creo que fué un acierto.

Llegamos pronto, nos pidieron algo de tiempo, así que fuimos a ver templo Ikuta Jinja que quedaba cerca.

Al volver, teníamos nuestros sitios en la barra teppanyaki.

Pedimos, obviamente filete y solomillo de categoría A5, lo más caro de la carta, y ahí se deshicieron en atenciones.

Es más, al momento el cocinero llegó, se nos presentó, nos preguntó el punto de la carne, “raw” obviamente, y empezó el show.

Primero separó las partes más grasas de las piezas para dejarlas sobre la plancha soltar su grasilla y cocinar la carne y las verduras con esa grasa.

Después marcaba trocitos de carne con una habilidad brutal y justo sellaba la pieza y la servía, nos recomendaba probar con sal, con wasabi, con ajo…

Toda una experiencia de hora y media…

Al finalizar, nos dijo que había sido un placer servirnos y nos dio su tarjeta, resulta que el tipo era el General Manager del restaurante…

Nos tomamos el café y al salir nos acompañó a la salida y se despidió con una pronunciada reverencia, una muestra exquisita de la hospitalidad nippona.

Todas las atenciones són pocas cuando pides la mejor experiencia posible y estás dispuesto a pagarla.

Tras el extasis carnívoro fuimos a hacer el checkin del hotel y a dejar pasar las horas de más calor.

Por la tarde, paseamos por Chinatown y bajamos al puerto, que tiene fama de bonito, pero hasta que no cayó el sol y se encendieron las iluminaciones no era nada del otro mundo, con la iluminación mejoró sustancialmente.

De vuelta al hotel, pillamos unos noodles en el konbini más cercano y subimos a la habitación a cenar y ver programas japoneses graciosos en la tele.

Bona nit!

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