📓 Cuaderno de bitácora · Día 6
Chiang Rai
Julio 2025 · Chiang Rai
Esta noche sí, cama grande, temperatura bien, igual a sueño reparador.
La idea era madrugar para evitar las lluvias de mediodía, ya tenemos comprobado que es a partir de las 13h cuando el tiempo se vuelve más inestable.
Así pues, a las 8 en pié.
Desayunamos en el buffet del hotel, abundante y bueno, una grata sorpresa.
Decidimos hacer las visitas por nuestra cuenta, a nuestro aire, pillando Bolts y Grabs en lugar de contratar una excursión en grupo.
La verdad que los precios de los vehículos lo permiten y cuando estás acostumbrado, como nosotros, a andar a tu ritmo y ver las cosas que te interesan y pasar de las que no, pues es todo un must.
Dicho y hecho, arrancamos por el Templo Blanco, Wat Rong Khun, que no deja de ser un templo moderno que un excéntrico artista tailandés diseñó y llevó a cabo allá por los gloriosos 90’s.
Puede parecer un templo corriente, de hecho entre lo blanco y plateado es hasta espectacular, pero si te fijas en detalle puedes ver y reconocer figuras e imágenes en las que el “artista” se “inspiró”. Hablamos de Alien, las Tortugas Ninja, la nube Kinton de Dragon Ball, Terminator, Lobezno y así un sinfín de referencias, obviamente aquí nadie ha pagado derechos de ninguna clase…
Vamos, una frikada de puta madre.
Primero visitas el templo blanco, luego paseas por el complejo donde hay una especie de cataratas artificiales y terminas el recorrido en otra construcción dorada que sirve de museo/tienda de souvenirs y vaya usted a saber.
Tras el blanco, fuimos al azul.
Podría apostar que el decorador del templo era el mismo que el blanco… pese a que este templo si que es un templo dónde los habitantes van a realizar sus ofrendas, a rezar y lo que su culto mande, hay elementos decorativos que, sin ser plagios cinematográficos, también son harto excéntricos.
Finalmente, para completar el triángulo del frikitemplo, nos dirigimos al Templo Rojo o Wat Huay Pla Kang.
A medida que te vas acercando, lo vas viendo, el complejo consta de un templo de teja roja, con budas de teka enormes en el interiror, un templo blanco que personalmente me gustó más que el frikitemplo de la mañana y un buda de 96 metros en lo alto de un montecito, al que se llega subiendo 111 escalones…
Vamos por partes, primero fuimos al buda. Subimos los 111 escalones, Ruth se encargó de contarlos.
En lo alto, hay como una especie de esplanada con las columnas que sujetan el mamotreto, donde tienen unas mesas y sillas desparejadas, un puesto que venden estampitas y una garita que vende tickets para subir en ascensor a lo alto del buda… todo amenizado con una canción repetitiva y en bucle, que si la pones del revés debe sonar igual que del derecho.
Totalmente bizarro, especialmente si le sumas que por detrás hay una carreterita por donde te suben dos trenecitos rosas con imagenes de Hello Kitty…
El siguiente templo, el blanco, quizás fué lo más normal de la mañana, un bonito templo blanco, con un precioso interior blanco y varios budas blancos…
Por último, el templo circular de teja roja, de estética china, que alberga dentro budas de teka, que no vi por dos razones y una depende de la otra. La primera razón es que hay que pagar para entrar, y la segunda por que no voy a contribuir a algo que ni ellos se toman en serio, y explico la razón: justo al lado de la puerta, a la izquierda hay un pequeño parterre de césped, con media docena de ovejitas de cartón piedra… rodeando un Tiranosaurio Rex de cartón piedra, junto a unas calabazas gigantes de cartón piedra… una de las escenas más sin sentido que me he encontrado hoy…
Antes de volver sobre nuestros pasos, nos acercamos a una especie de cantina donde comimos Pad Thai a 20Baths, 0,50€, quizás por eso mereció la pena la visita.
Para los que penseis en ir, que sepáis que aún hay otra cosa más por ver, el Museo de la Casa Negra, siguiendo la nomenclatura cromática, pero leyendo las reseñas lo descartamos, ya habíamos tenido suficientes escenas bizarras como para ir a una casa llena de huesos y pieles de animales, animales disecados y tallas de falos de madera…
Obviamente estando en el norte de Tailandia, rodeados de una naturaleza exuberante, lo óptimo sería ir a ver las diferentes cascadas en la infinidad de rutas de senderismo que hay, pero en la época de lluvias y padeciendo la cola de una tormenta, Whipa, que ha dejado muertos en Filipinas y Vietnam, no es lo que más nos apetece.
Así pues substituimos esos planes por una siesta.
Al atardecer, me puse en busca y captura de algún remedio para el resfriado de los aires acondicionados.
A su vez nos adentramos en el Night Market y vimos que sí, que más allá de la triste plaza de la noche anterior, hay detrás un mercado mayor con puestos de comida al estilo “hawker” de Singapur, donde hicimos unos langostinos fritos y una cerveza mientras veíamos actuaciones musicales varias…
Tras la cena, Ruth se dió un masajito y nos fuimos a hacer maletas y a dormir para el siguiente salto en el viaje.