📓 Cuaderno de bitácora · Día 10
Saigon y Delta del Mekong
Agosto 2017 · Saigón
A simple vista puede parecer que es una excursión normal, la que todo el mundo debe hacer y un must en Saigon.
En parte es así, pero solo en parte.
Madrugón mediante, nos hemos dispuesto a esperar a nuestro guía desayunados a las 7:45 de la mañana.
Esta vez, el bus del traslado era uno full equip, cómo se nota que no era el tour batallero low cost de la última vez… Poderoso caballero es Don Dinero, y más en un país pseudocomunista donde de un lado tienes una hoz y un martillo y del otro un Starbucks y una boutique de Chanel.
Dejando de lado la coherencia del movimiento, seguimos con la visita.
Decir cabe que nosotros contratamos un paseo por el Mekong con traslados y comida incluída, así que hemos flipado a medida que avanzaba la mañana como probablemente vosotros cuando avancéis en el texto.
La primera parada ha sido en el típico bar de carretera (no os imaginéis una estación de servicio europea, contextualizadlo…) del primo del guía.
Después de otro ratito de bus hemos llegado a un complejo Budista donde lo más destacable eran, a priori 3 estatuas de Buda de 20 metros.
Como en todas estas excursiones, te dejan un rato a tu aire, así que hemos hecho la visita de rigor en el interior de los templos hasta encontrarnos con los monjes rezando en una de las salas…
Todo genial, hasta el momento.
Posteriormente, tras otros minutos de bus, hemos parado en mitad de la nada para adentrarnos andando 5 minutos en la jungla.
En ese momento, hemos llegado a lo que se suponía que era una granja de abejas (Ruth es alérgica), siempre montado de cara al turista, en plan “mira cómo hacemos nuestras cosas nazis”, el guía ha abierto una colmena, ha sacado un panal y ha hecho un show al estilo circo de los muchachos, yo ya andaba ojiplático pensando en lo que tenía por delante… y no iba a decepcionar.
Después de la interpretación al estilo fakir, nos han sentado a tomar té con miel, y obviamente han pasado mesa por mesa ofreciendo botellitas de miel al módico precio de chorrocientosmil dongs, era de esperar.
Al instante, han aparecido los beatles en versión vietnamita, igualitos por el tamaño, el número y la edad (actual), y así, sin preaviso, se han puesto a tocar los Greatest Hits del folklore Vietnamita… Acompañados de 2 vocalistas machos y 2 hembras, que con su chorro de voz han espantado hasta las abejas.
Han pasado el cepillo, como en misa, y han intentado vender unos interesantísimos DVD de sus andanzas, canturreando allende los vietnams.
Después de ello, caminata de nuevo por la jungla.
Ahora sí, llegamos al embarcadero de uno de los millones de canales donde una señora con más años que el sol, nos ha subido a Ruth y a mi, junto a otra pareja, en su barca, nos ha prestado unos gorros cónicos de paja y se ha puesto a remar… a los dos minutos iba hasta arriba de ácido láctico, resoplando…
Había pensado que le tocaba el Gordo, pero resultó no ser el de la lotería…
Tras la propina “voluntoria” a la señora, nos han enseñado, cómo hacen los caramelos de coco… creo que ya puedo morir tranquilo tras adquirir ese conocimiento… obviamente, tras la clase magistral, nos han ofrecido comprar caramelos por otros chorrocientosmil dongs.
Miel - Beatles - Caramelos faltaba algo para cerrar el círculo… y claro, apareció la prima china de Ángel Cristo a jugar con una serpiente, a lo Salma Hayek pero una milésima parte de atractiva.
Otro paseíto por los humedales hasta llegar a un barco, lo que vendría a ser una Golondrina del puerto de Barcelona pero a lo chino mugriento.
Ahora sí hemos salido a río abierto, uso esta expresión porque hay mares más pequeños que el Mekong…
Tras unos minutos de navegación, nos han desembarcado en lo que sería una Cava donde se pueden hacer barbacoas, pero sustituyendo viñas por pomelos, bodega por granja y barbacoa por arroz hervido…
Después del festín, de vuelta al yate, y al bus, no sin antes atravesar unas pocas tiendas de souvenirs.
Una vez de vuelta, tras descansar de semejante saturación guirufa en el hotel, hemos intentado ir a cenar al Street Food Market y pese a que en el luminoso rezaba Authentic, al segundo pasillo estábamos otra vez saturados.
La elección definitiva ha sido un bonito restaurante moderno a la par que tradicional, un acierto.
En fin, mañana pese a que no rezamos maitines, madrugaremos un poco bastante para abandonar Vietnam y cruzar a Camboya (pese a su mala rima).
Bona nit.