📓 Cuaderno de bitácora · Día 11
Sihanoukville - Koh Rong
Agosto 2017 · Koh Rong
Despertador a las 5 de la noche, nuestro vuelo salía temprano y había que pasar control de pasaportes, dejábamos atrás Vietnam.
Esta vez, por razones operativas no hemos facturado las maletas, para ganar algo de tiempo en el aeropuerto de Sihanoukville… ilusos…
El avión era uno de esos autobuses con alas y hélices en los que has de ir con cuidado de no golpearte la cabeza, de los que tienen asientos de 2 en 2… vamos un cacharro…
La llegada a Camboya no ha escatimado en ningún tópico.
Primero llovía a mares, lo esperable en la estación húmeda.
Para tramitar el Visado (rellenar un papel y pagar) hemos tardado más de 45 minutos… si hubiéramos facturado la maleta nos hubiera esperado a nosotros…
Hemos sacado pasta de un cajero, en dólares, y ya el cajero cobraba comisión…
Un taxi para ir al embarcadero, ya que el aeropuerto queda retirado… nos ha llevado en plan kamikaze por caminos embarrados y llenos de baches… y al llegar a lo que se supone que es el pueblo o ciudad de Sihanoukville, un montón de casuchas y tienduchas entre caminos medio asfaltados, nos ha “sugerido” comprar los billetes del barco en su “agencia de confianza”… dale papi…
Desde la agencia, una furgoneta que había conocido épocas mejores, nos ha llevado al embarcadero, mientras, se ha puesto a llover a mares.
Por fin hemos llegado al embarcadero, donde un amable señor uniformado ha decidido que era interesante cobrarnos una Government Tax, nosotros tirando de españolidad (para eso no me cuesta) hablándole en castellano (para ellos debe sonar a sueco) hemos esquivado la mordida con un recorte taurino y la frase de despiste: Si, espera, a ver, ya voy, ahora… me llaman.
La llegada a la isla de Koh Rong sin novedad, un embarcadero en mitad de una playa (Coconut Beach) de arena blanca y rodeada de jungla… pero lloviendo…
Nos han asignado nuestra cabaña en mitad de la vegetación y hemos bajado a comer… seguía lloviendo.
Como el cielo no se abría nos hemos dedicado a la siesta y recuperar horas de sueño. Al despertar, seguía lloviendo.
Aún así, eran las 4 de la tarde, estábamos a 29 grados, la lluvia era caliente y el mar es de agua templada… hemos bajado a darnos un baño y un paseo por la arena… solos… ni que decir cabe que ha sido espectacular.
Después de la ducha, hemos holgazaneado un poco, bastante, en el porche de la cabaña, bien equipado con dos tumbonas con cojines mulliditos, y así hemos visto cómo dejaba de llover y se abría el cielo para dar paso a los colores rojizos del atardecer… súper idílico…
Visto el espectáculo natural, era tiempo de cenar, así que de nuevo a mover el bigote. Durante la cena, el dueño nos ha hablado acerca del plancton y nos ha insistido en ir a verlo, pero por no saber a qué se refería no hemos puesto mucha atención. El caso es que nos ha insistido varias veces más y hemos accedido a bajar a la playa.
La experiencia, por mas que vaya a intentar describirla, es para vivirlo.
El hombre, nos estaba intentando explicar que el plancton de esa bahía es luminiscente, se ilumina en la oscuridad, pero para ello hay que excitarlo.
Así que, junto a otros huéspedes del hotel, nos hemos metido en el agua, al tiempo que el hotel apagaba las luces y… se hizo la magia.
Como decía, es difícil de explicar lo que se siente al estar rodeado de pequeños puntitos de luz, a la vez que nadas en el mar bajo las estrellas… era como nadar mismamente entre las estrellas… sencillamente increíble. Una de las experiencias más espectaculares de mi vida.
Con esa imagen os deseo dulces sueños y hasta mañana!