Más Hanoi

📓 Cuaderno de bitácora · Día 2

Más Hanoi

Agosto 2017 · Hanoi

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Hoy hemos madrugado, parece una tontería hacerlo en vacaciones, pero aquí no se come a las 3 de la tarde precisamente, así que lo más sensato es ir adaptándose a los horarios de aquí.

No había llegado la maleta como nos prometieron en el aeropuerto.

El desayuno en el hotel ha sido curioso, mientras intentas engullir el plato de fruta y la tortilla, sandwich o lo que quiera que hayas pedido, los charlies te miran y te intentan vender excursiones… vamos, de lo más sosegado.

Tanto es así que empiezo a explicarme lo de la guerra… algún pesao le hizo lo mismo a Chuck Norris y ahí tenemos la saga Desaparecido en Combate, los bombardeos con napalm y demás… bueno es el amigo Chuck si le joden el café con leche…

Por si las moscas, hemos ido a pedir el perdón celestial para el comercial y para la profesión en general, al fin y al cabo vivo de ello (espero ser más sutil). En la catedral de Nha tho Lon (San Pepe para los que no os defendéis con el Charlie coloquial) nos han acogido con ese fin, al parecer estaba la línea sobrecargada, porque había mucha gente repitiendo lo mismo… hemos optado por un plan B.

Aunque debía haber sido nuestro plan A, hemos probado suerte en nuestro call center favorito, dónde hemos pedido un par de cafés con leche, que muy amablemente nos han servido, mientras calentabamos el tóner… mira si funciona bien la línea de datos en todos los Starbucks del mundo, que es tomar el café con leche y ir al momento a enviar uno o dos faxes… maravilloso(s) servicio(s)…

Una vez aligerado el peso del alma, hemos paseado alrededor del lago, que siendo sábado cierran al tráfico… o casi, porque utilizan el trazado para que los charlies pequeños adquieran la esencial habilidad de manejo de vehículos de todo tipo, bicicletas, patinetes, coches eléctricos y cualquier tipo de máquina diabólica que les convierta en kamikazes del asfalto de mayores.

Dejada atrás la fábrica de Fitipaldis, nos hemos adentrado en el Barrio Antiguo, el lugar donde deben empezar a poner en práctica las lecciones aprendidas en el lago, una vez les sale el primer pelillo en sus vergüenzas y donde las calles estrechas no parecen ser un impedimento para que el tráfico de motos, principalmente, se asemeje más a una ruleta rusa.

Si un occidental pone 4 motos en paralelo, un hanoiense pone 6 en un sentido y 2 en otro… Es todo un arte valorar su vida tan poco.

Ese caos circulatorio va acompañado de una constante presencia oscura encima de nuestras cabezas, y no hablo del maligno ni de nubes de tormenta. Todo Hanoi es una madeja enorme de cables negros enredados entre sí y que cruzan sin orden las calles, de vez en cuando un cable entra en una casa o se conecta a una caja en un poste, el resto… ni se sabe.

Si viera eso mi madre… con la de broncas que me he comido yo por no colocar los 4 cables del ordenador…

Para completar la triada de la desesperación (para un TOC seguro que lo es) los charlies aparcan sus motos en las “aceras” impidiendo el paso, los locales se agolpan uno junto al otro con la mitad de sus mercancías invadiendo la calle y los puestos de comida lanzan humo y olores varios a través de extractores convenientemente encarados al peatón.

Aún así, tiene algo especial y casi adictivo, puede que sólo por ese paseo haya merecido la pena todo lo demás.

Además de habernos comprado unas toallas de mano en el puestecito de una señora, que nos han dado la vida (parece mentira que fuera una de las cosas que más echábamos de menos de nuestras extraviadas maletas) gracias a ellas hemos podido ir secando el sudor que nos empapaba por completo.

En el extremo norte de la ciudad, donde las calles vuelven a abrirse y tornarse medio espaciosas, hay un par de lagos enormes y un paseo intermedio que une los barrios periféricos a la urbe, y donde se encuentra la pagoda, según todas las guías y blogs, más interesante y mágica de la ciudad.

Pues hemos hecho Un, dos, tres, Escondite inglés y a correr.

Estaba cerrada y no la hemos visitado porque nos ha parecido más de lo mismo, templos y más templos todos iguales, todos cobrando entrada por mierdas que sean… cuando lo interesante está a su alrededor, gratis y real…

De ahí hemos vuelto a la zona Gubernamental para visitar, hoy si, la residencia de Ho Chi Minh, siguiendo la línea y sin pisar fuera, de lo contrario hay unos jóvenes uniformados que te reconducen a grito pelao o a golpe de silbato, no sea que veas algún secreto comunista que vayas a chivarle al enemigo imperio americano.

Eso sí, sorprende ver que junto al pedazo de Palacio Presidencial el tío Ho (como aún le llaman sus paisanos) se hizo construir una casita super simple para vivir apartado de lujos y ostentaciones mientras su pueblo lo pasaba mal… igualito que los amigos de la derecha española y catalana…

Después de las turistadas, hemos buscado un lugar local donde comer, uno de tantos puestos callejeros con 3 fogones y 4 mesas donde, por menos de lo que vale, comes una deliciosa sopa Pho o unos fideos con cosas… allí hemos coincidido con la Duquesa de Valencia y su acompañante, un santo de los de verdad, una variopinta pareja de valencianos (hablaban el catalán malhablao que usan en valencia) que han dado muestra de su alcurnia y su santidad respectiva solo entrar, ella señalando la higiene distraída del local y las calles adyacentes y él por no cambiarla en el mercado por un sombrero vietnamita… una recomendación a los que arrugan el morro a la primera, Vietnam es caca… id a Marbella o a Ibiza a que os limpien todo, hasta la cartera…

Al volver al hotel a por la parada duchil de mediodía nos hemos percatado que seguíamos sin maletas (y sin gallumbos limpios) por los que mis partes nobles han decidido que era conveniente regresar al centro comercial pijo-comunista a por un segundo round de despropósitos… y no decepcionó, creedme…

Mientras íbamos a la caza del gallumbo de talla razonable (por el camino nos hemos topado con varias camisetas) nos ha llamado la atención la muestra infinita del wannabismo reinante alrededor de las marcas horteras de nuevo rico, jovenzuelas haciéndose fotos y selfies junto a los logotipos de Dior, Versace, Armani y demás patulea… pero el wannabismo es una corriente con muchos más adeptos de los que pensamos y al salir casi me desorino al ver parejas de novios, vestidos de nupcias, haciéndose el book de fotos bajo los letreros de las marcas del exterior… ¡hacían cola!

Visto que la humanidad se dirige inexorablemente hacia el desastre hemos decidido pillar cena take away, la fritanga más grasienta posible en un garito callejero, para sumarnos a ellos obstruyendo nuestras arterias viendo Netflix en la habitación.

El mundo se ha vuelto un lugar mejor cuando hemos llegado al hotel, tenían nuestras maletas y mañana me pondré calzoncillos limpios…

Buenas noches!