Hué

📓 Cuaderno de bitácora · Día 4

Hué

Agosto 2017 · Hue

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Hoy ha empezado el trasiego, abandonamos el norte del país para descender hasta el Mekong.

La primera parada la ciudad imperial de Hué.

Para ello hemos madrugado sin sentido, esta vez la culpa no es de las campanas, serán los nervios del avión…

Hemos desayunado en el hotel, pero en vistas de que su café no activa los intestinos como el de Starbucks, hemos cogido mochilas y allí nos hemos plantado… sí, después del café también hemos plantado otra cosa… otra vez…

Al pedir el UBER al aeropuerto el conductor ha intentado timarnos pidiéndonos más dinero del que marca la app y en efectivo, obviamente nos hemos percatado por mi conocimiento profundo del Charlie cerrao… porque el colega solo hacia que señalar dinero y decir “pa pa pa ta van ta pa ta pa pa nam pa”… obvio. Afortunadamente en estos casos la cancelación (pongas una queja en Uber o no, nosotros si) no tiene coste, pero ya me ha tocado los huevos el chino de buena mañana…

El siguiente conductor sin problemas.

Hemos llegado al aeropuerto con tiempo, por si hay que montar el avión o ayudar a empujar… cosas de Ruth… La terminal de vuelos domésticos tiene dos partes, nosotros nos hemos metido directos a la primera, pero 2 horas antes del vuelo los mostradores de la aerolínea no abrían… lo que nos ha sembrado la duda y hemos preguntado a una trabajadora del aeropuerto, craso error, solo atinaba a remarcar la evidencia, los mostradores no estaban abiertos… muy observadora…

Así que gracias a la ayuda de los siempre amigables y prestos a ayudar habitantes de Hanoi (¿Hanoios?) nos convencimos que era buena idea probar suerte en otro lugar (o sacar la cartera, eso también funciona bastante… pero no era necesario en este caso).

En la otra ala de la terminal hicimos todo lo pertinente, checkin, control de seguridad, espera…

Sorpresa la nuestra cuando han llamado al embarque 15 minutos antes de lo previsto (señal que alguien como Ruth ha llegado antes que nosotros y ha echado una mano a montar el aparato) y una vez embarcados, el vuelo ha salido con 10 minutos de antelación, increíble ¿no?

Al llegar a Hué nos han abordado un montón de taxistas al mismo tiempo… me he sentido como las Obregón diciendo “fotos no”

Nosotros nos hemos metido en el primer bus que hemos visto… a lo loco… pues con dos cojones la parada estaba al lado del hotel… podíamos haber aparecido en Laos… que está al Lao…

¿Habéis ido a buscar un pollo asado (a l’ast) en las últimas semanas y os ha tocado esperar? ¿Al caloret (al calorcito en castellano, que como la Rita está criando malvas igual uno se piensa que es otra cosa…)?

Pues eso es frío comparado con los 37 gradazos, la solana y la humedad de hoy.

Los calzoncillos no dan para absorber ese sudor… brutal, pero… se ahorra en peelings…

Hemos paseado, hasta que ha amenazado una tormenta que al final ha sido falsa alarma, pero una excusa fantástica para ir de cabeza a la ducha, aunque pareciera que venía duchado de serie.

Para cenar hemos buscado un sitio muy peculiar, improvisado en los bajos de una casa al fondo de un callejón, pero muy recomendado en TripAdvisor.

Nina’s Cafe… todo un acierto, muy auténtico… lo mismo debían pensar una pareja de abuelos británicos que había allí cenando, o más bien arreglando el mundo con la infinita prepotencia de los ingleses. La típica actitud condescendiente con los locales, hasta el punto de sentar a su mesa a una vendedora ambulante para que les contara sus miserias a cambio de 3 dólares… vomitivo… ¡Pues no va el mierdas del abuelo y le pregunta si ha estado en América?! Sí hombre, vendiendo eso le da para ir a Manhattan dos veces al año, al Waldorf Astoria, no se queda porque le gusta su trabajo de aquí… No te jode!

¿Cómo dejan salir a subnormales así de las islas británicas?

Al irse, dado que el local tiene colgadas pizarritas con las expresiones básicas en inglés traducidas al vietnamita, la abuela iba despidiéndose de todo el mundo, incluidos los de otras mesas en Viet… que graciosa… por la parte de…

Seguro que ya tiene historia que contarles a sus amigas de la partidita de bridge y el té con pastas… lo bonito que es Vietnam, lo necesitada que va su gente y lo mucho que hizo por ayudarles… 3 míseros dólares.

En resumen, cena deliciosa!

Una copita y a la cama!