📓 Cuaderno de bitácora · Día 7
Agosto 2026 · Konstanz
Los últimos serán los primeros. Y el aire acondicionado, cuestión de fe.
Despertar en Friburgo, café al lado del hotel y al coche. El Polo azul ya no es un coche de alquiler, es una extensión de la casa. Con su desorden y todo.
Primera parada, Titisee. El pueblo que le da nombre al lago, o el lago que le da nombre al pueblo, eso nunca queda claro y a nadie le importa.
Es Benidorm en versión lago alemán. Decrépito, turístico y lleno de yayos.
Pero el lago es muy bonito.
Y tiene patos. Y eso, en un sitio así, es más de lo que uno espera.
Siguiente parada, Schaffhausen. Cruzamos a Suiza, a las cataratas del Rin.
Evitando las autopistas de peaje suizas hicimos la parada más random del viaje, en mitad de la nada, un prado, un árbol y un banco… alguien con dos cojones va y te planta un banco en medio de la nada, por si alguien pasa cansado…
Aquí es donde entra la lección del día. Aparcamos en el último parking, el más lejano, para asegurar el tiro, que es una estrategia que ya tenemos rodada.
Y como dijo el profeta, los últimos serán los primeros.
Porque resulta que el paseo es un circuito circular: cruzas al otro lado por un puente de ferrocarril, subes al castillo, bajas, bordeas el río hasta otro puente, cruzas, vuelves a bordear el río y… tachán. Llegas al último parking, que viniendo por ese lado es el primero.
Uno se pasa la vida aparcando lejos por prudencia y de vez en cuando el universo te da la razón por caminos que no habías previsto.
De ambos trayectos, lo mejor volvieron a ser las vistas. Especialmente las de la primera etapa, que es cuando todavía tienes las piernas frescas y el móvil con batería.
Tercera parada, Stein am Rhein. Seguimos en Suiza.
Una villa medieval pequeña y bien conservada, con una plaza del ayuntamiento donde las fachadas están pintadas con frescos. Espectacular. De esas plazas en las que te quedas girando sobre ti mismo como un tonto intentando mirarlo todo a la vez.
Y como el nombre indica, con un castillo en lo alto de una roca —Stein— y junto al Rin —Rhein—. Los alemanes tienen esto de poner nombres que son básicamente instrucciones de montaje.
No subimos al castillo.
Treinta y seis grados.
Sí entramos, en cambio, en un súper, a pillar unos bocatas de pollo rebozado con salsa tártara. Comida de batalla, en toda regla. Ya iremos compensando.
Y el último trayecto, el más coñazo, hasta Constanza. De nuevo Alemania.
La carretera va cruzando pueblitos a la orilla del Rin, que sobre el papel suena precioso. En la práctica es ahora a 80, ahora a 50, ahora a 30, ahora otra vez a 50, ahora a 30 otra vez. Una docena de veces.
Agotador. Conducir así no es conducir, es hacer sentadillas con el pie derecho.
Al llegar, coche al parking del hotel. Y aquí una buena: con la reserva va incluido el transporte gratis. Así que bus al centro histórico y a disfrutar.
Primer intento. Subimos, y en la primera parada me bajo.
No iba el aire. Hacía un calor insoportable ahí dentro, parecía que llevaran puesta la calefacción por error. Eso, sumado al colega de al lado con uno de esos olores a sudor ácido que se te quedan instalados en la memoria…
Fuera. Ya.
Nos bajamos a esperar doce minutos el siguiente.
Doce minutos, contados.
Y venía exactamente a la misma temperatura.
Resignación. Hay batallas que se pierden antes de empezarlas.
El paseo, bien. Un parque junto al lago, un casco antiguo bonito, lo de siempre. Y lo de siempre, a estas alturas del viaje, sigue estando muy bien. Por cierto, que junto a la catedral encontramos el camino a casa: resulta que a solo 2340 km se llega a Santiago de Compostela, espera que me calzo…
Fuimos a cenar y el restaurante, a diferencia del bus, tenía aire acondicionado. A mí me sorprendió, que ya es triste que a estas alturas te sorprenda.
Pedimos algo más contundente, que la comida había sido de batalla y el cuerpo pedía compensación.
De vuelta al hotel, bus otra vez.
Este sí tenía aire.
Misteriosamente.
La misma línea, la misma ciudad, la misma empresa, la misma noche. Uno con aire y el otro no. Me niego a creer que sea casualidad y me niego también a investigarlo.
Y con este misterio sin resolver, hotel, serie y a la cama.
Bona nit!