📓 Cuaderno de bitácora · Día 7
Agra, lo demás.
Agosto 2023 · Agra
Despertamos tarde, como para desayunar (mirando el Taj Mahal de nuevo) y hacer el check out.
Recogimos maletas, bajamos a recepción a cerrar la estancia y a pedir una taquilla para dejar las mochilas grandes.
Con eso, empezamos a caminar hacia la zona no restringida al tráfico para pillar un Uber hacia el Fuerte de Agra.
Casualidades de la vida, a medio camino me encontré de cara con nuestro tuktukero del día anterior, que incluso me había dejado conducir su tuktuk… nos reconocimos, nos saludamos y nos montamos en ese tuktuk hacia el fuerte, en ese si…
Pillamos las entradas en la misma puerta, y sorteando a los millones de “guías” entramos y hicimos la visita a nuestro aire.
El Fuerte de Agra tiene un rollo espectacular, todo construido en arenisca roja, y con las zonas más nobles en mármol blanco. Imagino que no debe ser muy distinto al de Delhi, pero cono estaba cerrado, no lo sabré.
Gracias a las explicaciones de Kumar en el Fuerte Amber días atrás, pudimos entender la distribución de espacios de este otro fuerte, ya que se rigen por el mismo patrón.
Al salir, ya que todo el mundo volvía a estar bien de lo suyo, nos aventuramos a ir a comer, pero eso sí, comida occidental.
Por casualidad elegimos un Domino’s Pizza al azar. Fuimos hacia allí con el Uber y al llegar, oh! Sorpresa! Estaba cerrado por reformas y en Google no aparecía esa información.
Por suerte, al lado había un Pizza Hut. Al entrar, oh! Sorpresa! No tienen aire acondicionado! Tal y como entramos salimos.
Afortunadamente al lado, a 25 metros había un centro comercial, bueno, en realidad 2 tiendas de ropa y unos cines, pero con un McDonald’s!
Así que fuimos con la intención de probar su carta hindú… sin ternera, ni cerdo, ni McDonald’s…
Unas McPollo más tarde, salimos a ver las tiendas, una era un multimarca bastante apañado, la otra el sitio donde los indis y los pakis se compran los chándal de los domingos…
Como era temprano, miramos uno de los locales para ir a tomar unos cafelitos y al ir a pillar el ascensor… justo a nuestra espalda, allí estaba… Fairfield by Marriott, nuestro momento de tranquilidad occidental.
Cafeteamos un poco, usamos varias veces los baños, nos lavamos las manos con jabón varias veces… Y, después de hora y media larga, fuimos a la visita corta del Itmad-ud-Daula, el “Baby Taj” un mausoleo de mármol blanco también con jardines y puertas, pero de un tamaño más modesto que otros que hemos visitado, pero no por eso menos bonito, al contrario.
Nos reímos un rato de los monos, también de los simios… y tomamos un Uber hacia el Hostel para iniciar la retirada, no sin antes aprovechar para tomarnos el último refrigerio en la terraza viendo el Taj Mahal hasta que oscureció.
Como quedaban varias horas para la salida del tren y había que cenar algo nos lanzamos a la aventura, nos arriesgamos a cenar en el Marriott… el caso es que se sorprendieron a medias de vernos… y el trato que nos dispensaron fue superior.
Finalmente, de nuevo Uber nos llevó a la estación, donde tras pasar un rato en la sala de espera con aire acondicionado que hay para los turistas de primera clase, y sufrir un retraso de 10 minutos, accedimos a nuestros camarotes, que para nuestra sorpresa eran de dos pasajeros por camarote, lo que nos dio una alegría más al viaje, ya que al tener unos el camarote B y otros el G, pensábamos que nos tocaba compartir o jugar a las sillitas musicales.
Costó dormir, pero eso ya es día 7.