📓 Cuaderno de bitácora · Día 8
Tren a Varanasi. Y Varanasi Illa Fantasía.
Agosto 2023 · Varanasi
Era media noche cuando nos subimos al tren, oficialmente ya era domingo.
La sorpresa de los camarotes de dos personas fue mayúscula, ideal para relajarse las catorce horas que teníamos por delante…
Costó dormir, había que hacerse con el traqueteo del tren, los colchones de la litera, la bocina constante de la locomotora…
Cuando ya parecía que pillábamos el sueño, sobre las cinco de la mañana, empezaron las paradas en ciudades mas grandes y se notaba el movimiento de gente.
Hasta que una familia subió al tren en el camarote de al lado, quizás estaban ya y dormían… no se, el caso que eran cinco y las dos crías pequeñas no dejaban de gritar y rebuznar… eran las seis de la mañana y hasta que no se bajaron, sobre las ocho, no paró la cantinela, pese haberles advertido un par de veces.
Una vez se fueron, volvió la calma y nos quedamos fritos hasta la una.
A la una, se suponía que faltaría una horita y poco para llegar… pero nada más lejos de la realidad, el tren iba acumulando retrasos y por aquel momento en la app de los trenes ya era de dos horas.
Así que paciencia y a dejar pasar el rato, seguramente hubiésemos tenido menos prisa por llegar de saber lo que nos esperaba.
Llegamos sobre las 18:30 a la estación de Varanasi, con cuatro horas de retraso.
Al llegar pedimos un Uber, pero por algún motivo que en ese momento desconocíamos, era imposible, no nos aceptaban la carrera.
Así pues, negociamos con un tuktuk que nos dijo que Ok, pero que la zona estaba cerrada y que nos dejaría lo más cerca posible.
Al minuto vimos a lo que se refería, había estado lloviendo todo el día y las calles estaban anegadas. La mayoría cubrían hasta los tobillos, pero algunas el agua llegaba hasta las rodillas de la gente…
Así que temiendo lo peor, avanzábamos hacia nuestro hotel…
Llegó un punto donde el chico no pudo avanzar más, así que nos bajamos y fuimos andando por mitad del río en el que se habían convertido las calles hasta el hotel.
Con paso firme, agua por debajo de la rodilla, hasta que nos metimos por callejones, que por estar un poco mas altos que las calles principales, no estaban anegados, pero nuestros 20 minutos en remojo nos costó llegar. Algunos lugareños nos miraban con cara de circunstancias, otros nos daban la bienvenida a Varanasi… hubo que relativizar mucho.
Al llegar al hotel, la suela de una de mis zapatillas estaba despegada y todos teníamos las mismas ganas de ducha.
Afortunadamente el hotel estaba muy bien, las habitaciones eran grandes y pudimos dejar las cosas, ducharnos y cenar unos arroces cojonudos.
El dueño del hotel me dijo que me repararían las zapatillas… veremos cómo queda eso…
Deseando dormir en una cama cómoda y grande, devoramos la cena y nos fuimos a acostar.