El otro día, al llegar, compramos unos billetes de bus para la excursión de Shirakawa-go que nos costaron lo mismo que una buena cena en Osaka... los billetes 1880... ya sabéis, el turrón más caro del mundo.

📓 Cuaderno de bitácora · Día 13

El otro día, al llegar, compramos unos billetes de bus para la excursión de Shirakawa-go que nos costaron lo mismo que una buena cena en Osaka... los billetes 1880... ya sabéis, el turrón más caro del mundo.

Agosto 2024 · Shirakawa-go

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No digo que la excursión no merezca la pena, mola bastante, Shirakawa-go es un pueblito con unas peculiares casas alpinas conservadas desde hace siglos igual, casas gassho-zukuri, bien, hay varias reconstruídas, incluso hay como una especie de parque twmático con, esta vez todas, reproducciones…

Pero eso no resta peculiaridad a los tejados de paja triangulares, y a la forma de colocarlos, posteriormente en la buhardilla se monta un fuego para ahumar desde dentro el tejado, lo que seca la paja húmeda para que dure más y de paso mata bichillos que puedan dañar la estructura en el futuro.

Curioso, lo mismo debió pensar la UNESCO para declararlo Patrimonio de la Humanidad en 1995.

El asunto, es que madrugamos un poco, para ir temprano, pese al fresco del ambiente, estamos en verano y siempre es conveniente evitar la exposición al sol y al calor en las horas centrales del día.

La visita recomendada es de unas 3 horas o así, así que a las 8:50 teníamos los billetes de ida. Se tardan 50 minutos, así que a las 9:40 llegamos a Shirakawa-go.

Se trata simplemente de pasear, mucho, ir de un lado para otro viendo las casas y poco más, lo dicho, interesante sí, precio inflado, también.

Adelantamos el billete de vuelta, una horita o así, habíamos sido conservadores y habíamos reservado la vuelta para las 14h.

Al llegar de nuevo a Takayama, pasamos por el konbini a pillar víveres y ojo, hay unos bollitos como de hamburguesa en el Family Mart, en la zona de la bollería, que a diferencia del resto de productos, no lleva ningún relleno, Ruth gracias a un influmierder vió su finalidad, meter dentro el pollo frito que venden en el mostrador… ¡madre mía!

Tras descubrir nuestro plato de konbini favorito, decidimos prescindir de la visita a la Aldea Hida de Takayama, ya que no deja de ser lo mismo que el parque temático de Shirakawa-go y había que andar 45 minutos al sol del mediodía.

Por contra, no prescindimos de hacer uso del Baño de pies Hanami, después de la caminata por el pueblito, un buen pediluvio con agua caliente y piedras sobre las que andar y activar la circulación me pareció un qué.

Tras el remojón pedicular, habíamos obviado una visita el día anterior, por error, así que nos acercamos a la zona de templos de Higashiyama, claro, a las 14:30 no estaba ni el monje de las llaves, pero daba lo mismo, es un complejo de templos y cementerio abierto, con unos jardines preciosos, con sombras abundantes, así que echamos un buen ratillo antes de ir al apartamento a descansar y resguardarnos del calor.

Resulta que no sabemos si por ser jueves previo al finde o por ser 1 de Agosto, en la calle de nuestro apartamento estaban montando puestecillos en la calle, escenarios, food trucks…

Se estaba preparando una jarana interesante para la noche…

Nosotros teníamos pensado ir a cenar Tempura a un restaurante familiar muy recomendado que sólo abre de jueves a lunes… se nos planteó la disyuntiva de ir al restaurante o quedarnos por la calle comiendo brochetas, fideos y demás delicias preparadas al momento…

Nos decantamos por el Restaurante Ebinachi, y fué un gran acierto, se trata de un pequeño local, con una barra para 8 comensales donde un padre y su hija nos atendieron a las mil maravillas. El chef, poco a poco va preparando los alimentos con mimo, los sumerge en la Tempura y los fríe, te los va dejando en una bandeja frente a tí, y te va explicando la mejor manera de comerlo, con sal, curry o salsa…

Gambas, pescados, calamar, verduras… todo estaba sencillamente increíble.

Y por menos que la excursión de la mañana.

Tras el deleite, nos acercamos a la feria, vimos alguna actuación de música tradicional, me bajé un par de cervezas a la calle, Ruth pecó con unos heladitos… en resumen, echamos un ratito la mar de agradable de nuevo en Takayama… eso sí, no os penséis que era una verbena de pueblo como las conocemos, esto es Japón, a las 22h todos pa’ casa… y las calles como si no hubiera pasado nada…

Así que nos recogimos…

Bona nit!

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