Tokyo aguarda.

📓 Cuaderno de bitácora · Día 14

Tokyo aguarda.

Agosto 2024 · Tokio

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La mañana estaba dedicada entera a viajar de Takayama a Tokyo, el trayecto de Takayama a a Nagoya, pese a su mala rima, eran unas 2 horas y media, y de Nagoya, que me toca la flauta travesera por las mañanas, a Tokyo otras 2 horas…

Así que nos armamos de paciencia y vía férrea y manta.

Se supone que en el Shinkansen a Tokyo, pasado Shizuoka se puede ver a lo lejos el Monte Fuji desde la ventana, estaba nublado.

A la hora prevista y sin contratiempos llegamos a Tokyo, nuestra sede para 8 días.

La primera misión, y casi fué imposible, era encontrar una taquilla vacía para dejar las mochilas un par o tres de horas… Sorprendentemente todas las que vimos en la estación estaban llenas o fuera de servicio.

Pero, en el último rincón del último pasillo en la última taquilla que nos quedaba por mirar encontramos un sitio. Así que metimos las mochilas y fuimos a la urbe.

Había algo que teníamos pendiente y que habíamos comentado varias veces, ¿en el McDonalds tendrán una burguer Teriyaki?

Teníamos tiempo, teníamos curiosidad y teníamos la oportunidad de saberlo, pasamos solo salir de la estación a un McDonalds a comprobarlo, y sí, sí la tienen y no, no merece la pena.

Ahora sí fuimos a pasear por Tokyo.

Cuando uno piensa en Tokyo, la capital del país más tecnológicamente avanzado del mundo, con la población más friki del planeta y además la ciudad más poblada del globo, le vienen imágenes de una ciudad postapocalíptica tipo BladeRunner o Ciberpunk.

Pues en parte sí es así, pero tiene lugares en los que conviven las gentes con dineros que rehuye de esa cultura “punk”, ellos se lo pierden.

Uno de esos lugares es Ginza, el barrio del anuncio de las cremas rejuvenecedoras (que por cierto no funcionan, si no todas las viejas parecerían chavalitas… y no…) de Shiseido… sisi, a todos os viene el claim del anuncio…

Shiseido Ginza Tokyo.

Pues ahí no se distingue Tokyo de Nueva York o cualquier sitio que imagines con tiendas caras y rascacielos (Serrano en Madrid es una feria de ganado de pueblo al lado de esto)… Bueno, sí, hay diferencia, aquí cada marca tiene un edificio hecho por un arquitecto famoso y un Bentley o similar en la puerta esperando a la señora de turno que está de compritas… es lo que tiene el dinero de verdad.

Hicimos check a los edificios que todo el mundo comenta y como está actividad sólo era para hacer tiempo hasta el check in del hotel, al rato fuimos a por las mochilas y pusimos rumbo al hotel.

Después de instalarnos nos recuperamos de las horas de tren (¿cómo puede ser que 5 horas de tren sean más agotadoras que 10 de avión?).

Una vez ready, fuimos de nuevo a la aventura.

El destino Shinjuku, y este sí es un barrio digno de BladeRunner.

Al salir de la estación te recibe un.pantallón led con un gatete haciendo monerías…

Pero lo de Blade Runner es más primero por las luces por todos lados, segundo por la gente y tercero por que está lleno de chicas reclamo de locales temáticos, vestidas de colegiala punk, o cualquier otro cosplay que os imagináis…

Sobre uno de los edificios asoma Godzilla para recordarte que en cualquier momento puede aparecer un robot gigante a salvar la ciudad.

Paseamos sin rumbo embriagados por el caos y los destellos de los carteles, los ruidos, los olores…

En una de esas dimos con los callejones llamados Golden-Gai, llenos de bares donde a media noche fluye el alcohol barato a precio de guiri. La particularidad, son casitas bajas, resquicios del pasado, rodeadas por edificios enormes, convertidas en antros… todo muy asiático.

Desde ahí, guiados por el sonido de un tambor, aparecimos en el Santuario Hanazono, al parecer por ser viernes o por ser inicio de Agosto, se celebraba un festival de baile y música en el recinto de templo, y ahí estuvimos anonadados un rato.

Tras el éxtasis, se abrió el apetito, y pese a que había un montón de puestecitos en el templo para comprar brochetas o fideos, optamos por explorar un poco más.

Solo salir del Templo, una tienda ABC Mart, zapatillas a buen precio… me pillé unas Stan Smith, al cambio y con el taxfree a mitad de precio que en España… Good Deal.

Después, esta vez sí, cenar…

Nos dirigimos al Omoide Yokocho, esto sí parecía sacado de una escena de Blade Runner, izakaya tras izakaya, lámparas de papel, humo de las cocinas…

En una de esas, vimos un par de taburetes en una barra y ahí plantamos la pica.

La especialidad, las brochetas de cerdo, de despojos de cerdo… brutales!

Seguimos y dimos con uno que se anunciaba con fotos de gyozas, pues allí fuimos a pedir la bandeja de 25…

Deliciosos ambos lugares…

Con la tripa llena, y con un trayecto de 25 minutos en tren por delante, volvimos al hotel.

Al parecer, un viernes a las 22h es también hora punta en el metro, afortunadamente nos pudimos sentar en nuestra parada, y afortuandamente para el señor de al lado de Ruth también, ya que parecía que acababa de salir de la oficina en un día largo, y se pegó una siesta apoyado en Ruth… casi le cantamos una nana…

Fué una lástima despertarlo cuando teníamos que bajar… pero, nosotros también teníamos que descansar.

Bona nit!

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