📓 Cuaderno de bitácora · Día 20
Día de Onsen.
Agosto 2024 · Tokio
Se nos acaban los sitios de turisteo de las guías, también las fuerzas, después de 18 días intensos las energías no son las mismas que la primera semana y Tokyo es una ciudad exigente, por las distancias y por el calor de Agosto.
Por la mañana nos acercamos a la zona de la bahía a chafardear el mercado de pescado de Toyosu, ver dónde se subasta el atún y donde se mueve todo el pescado de la ciudad. Enorme.
También han construido un mercado para guiris con forma de pueblito tradicional y lleno de puestos de comida. Nada del otro mundo, si no fuese por que vimos (no lo teníamos en el radar) que había un footbath (baño de pies) en la zona, investigamos y resulta que era un modernísimo Onsen (balneario) que cuenta con una azotea con vistas…
Tomamos nota y dejamos la visita de esa zona para la tarde, onsen incluído.
La siguiente parada era el barrio de Ryogoku, en Sumida. Este barrio tiene fama por una de las cosas más tradicionales de Japón, el Sumo.
Pero antes, teníamos que visitar el museo dedicado a Katsishika Hokusai, que para los que no lo sepáis, fue un artista del período Edo, famoso por la publicación de la serie de grabados “30 vistas del Monte Fuji”, en concreto su grabado más famoso “La Gran Ola a las afueras de Kanagawa”.
Sencillamente me encantó.
Después de la visita al museo, nos fuimos al Kokugikan, el estadio Nacional de Sumo. Lamentablemente en Agosto no es temporada de competición por lo que sólo está abierta una tiendecilla de souvenirs relacionados con el Sumo y una especie de museo dónde se conservan imágenes y indumentarias de los grandes Yokozuna (campeones de sumo).
De la cultura tradicional saltamos a la cultura pop actual, nos fuimos al barrio de Akihabara, donde se concentran los centros comerciales más frikis de todo Japón.
Edificios enteros llenos de muñequitos de series de dibujos, cómics, videojuegos y disfraces…
Íbamos a buscar un encargo, pero se nos hizo imposible encontrarlo entre tantas figurillas. No es sencillo encontrar nada ahí si no conoces.
Después de la frustración necesitábamos un refrigerio, y nos acercamos a una cafetería cualquiera a tomar algo fresquito, una marranada con hielo… yo me pedí sirope de melón con soda y una bola de vainilla, no recuerdo cómo lo llamaban, y Ruth lo mismo pero con sirope de mango… que asco más rico…
Ahí decidimos que era hora de ir hacia la bahía a ver la puesta de sol.
Llegando a Odaiba Beach, que así se llama la playa artificial de la Bahía de Tokyo, paramos en un supermercado e hicimos acopio de bandejas de sushi para improvisarnos un picnic en la playa durante la puesta de sol.
Justo ahí, en nuestro picnic improvisado, vimos el primer mosquito de todo el viaje, sorprendente.
Eran casi las 7 y dando ya un paseo hacia el metro para ir al Onsen que teníamos pendiente vimos la figura tamaño natural de Gundam: Armadura de Combate iluminada, y había un montón de gente, como si algo fuese a suceder…
Nos colocamos esratégicamente para ver la armadura moverse al ritmo de alguna música…
Se apagaron las luces ambientales…
Empezó a sonar una melodía, creemos que la intro de la serie… y apareció en la pared de atrás la proyección de la cabecera de la serie…
La armadura cambió de iluminación dos veces…
Fin.
Con tremenda decepción nos fuimos al metro, dirección al onsen.
Un onsen no es un balneario como lo entendemos en Europa, como los que hemos visitado en Budapest, por ejemplo, este concretamente es 24 horas.
Aquí hombres y mujeres van por separado, se trata de unos baños comunales con tratamientos y piscinas… pero el objetivo principal es la higiene, por lo que lo primero que haces después de despelotarte es ir a unas “duchas” japonesas, que consisten en una especie de tocador con un espejo, un grifo con un cubo debajo y una manguera de ducha encima y un taburete. Te sientas y te lavas a fondo. Ponen a tu disposición cepillos de dientes, cuchillas de afeitar, esponjas, todas las toallas que necesites…
La idea es quedar reluciente, para después meterte en las diferentes piscinas y saunas en pelota.
La más espectacular de este onsen es la piscina caliente exterior, una piscina que reproduce una piscina de roca natural, en un balcón al aire libre con vistas a la bahía… increíble bañarse en bolas ahí…
Después, te pones una Yukata (kimono ligero tipo bata) y disfrutas de las zonas de relajación comunes, salas de lectura… y en este caso la joya, un mirador circular con baño de pies en la azotea, con vistas 360° a toda la bahía de Tokyo, especialmente al Puente Rainbow.
Sencillamente espectacular.
Tras las casi 3 horas que nos llevó esta experiencia, por mí podían haber sido 30, pero eran las 22:30 ya…
Relajados y limpios pillamos el metro de vuelta al hotel.
Nos pusimos peli y a dormir.
Bona nit!