Luces y neones.

📓 Cuaderno de bitácora · Día 9

Luces y neones.

Julio 2024 · Osaka

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Puede que la impaciencia por llegar a Osaka nos hiciera madrugar… pero lo más seguro es que fuera el ansia de Ruth por llegar pronto a la estación. El caso es que madrugamos relativamente, para desayunar en el hotel.

Esta vez buffet, pero de desayuno tradicional, a Ruth no se la veía entusiasmada con el tofu fermentado y las algas… quizás ella también echaba de menos el diabólico invento del Doctor Kellog.

El caso es que habiendo cargado las pilas fuimos hacia la estación, dejando atrás el magnífico Castillo de Himeji.

Al parecer, en el rato de espera de la estación se quedó atrás mi gorra de Caterpillar Málaga… tendré que volver a por otra…

Llegados a Osaka, dónde el volúmen de gente ya es otro distinto al que nos hemos ido encontrando, la idea era ir de la estación del Shinkansen a la Central, conseguido.

En la central encontrar unas taquillas para dejar las mochilas parecía fácil, pero no lo fue tanto, bueno si, encontrarlas sí, lo que no habíamos caído es que desde la estación de Shinkansen o desde el Aeropuerto llegas a una parte retirada de la estación, y pese a que una vez dejamos las mochilas fuimos a por los otros andenes y los encontramos con éxito, a la vuelta no fue tan sencillo.

El caso es que nos dirigimos a Tenjibashi Suji, la calle comercial más larga de Japón, y joder si era larga… lo bueno, que todas estas calles comerciales las tienen techadas, por lo que sea es una buena idea…

Llegamos cerca del extremo norte y fuimos paseando.

Casi al final de la calle por su extremo sur visitamos el Santuario de Tenmongu, al parecer hace poquito había sido una de las celebraciones importantes del año, lo estaban desvistiendo.

De vuelta hacia el tren, paramos a comer sushi en una izakaya cualquiera y joooooooder con la fama de Osaka.

La bandeja de sushi de 15 piezas que se pidió Ruth espectacular y mi bowl de salmón con arroz ni palabras tengo, además, la señora muy amablemente me contó cómo preparar el plato antes de comerlo, añadiendo un huevo poché y unas gotas de soja y wasabi.

Todo por 15€ al cambio… regalado.

Después de tan delicioso manjar, seguimos adelante hasta un puestecito de Takoyaki recomendado… y wow, también delicioso, 8 piezas por 3€… increíble.

Después de eso, intentamos regresar a la estación Central con la Línea Circular, no sin antes equivocarnos de sentido… el sistema siempre está ahí para recordarte quién manda.

Al llegar, pues eso, nos volvimos locos buscando las taquillas de nuevo, una vez localizadas nos dimos cuenta que esa parte de la estación estaba construida bajo un enorme centro comercial que nos vino fantástico para tomar un café al fresco del aire acondicionado.

Tras esa pausa, reemprendimos el camino, dirección Doutonbori, el epicentro de la ciudad y también nuestra próxima base de operaciones en forma de hotel.

De nuevo la estación era un enorme centro comercial, lo que nos dio que pensar acerca del consumismo y la productividad del país, cosa que podemos comentar otro día si queréis.

Nos instalamos, nos aclimatamos de nuevo y cayendo la tarde nos dirigimos a Doutonbori a ver los locos carteles de las tiendas, los neones, las luces y las riadas de gente.

Sencillamente genial.

A eso de las 19:15 pusimos rumbo a un restaurant recomendado, y de camino pasamos por el diminuto Templo Hozen-ji en el Hozenji Yokocho y justo estaban realizando una.ceremonia con cantos y quemando cosas… muy sorprendente.

El restaurante destino era Tendon Makino, dónde íbamos a degustar el Tendon, un bowl de arroz cubierto de piezas en Tempura y rociados abundantemente con una salsa Tentsuyu… no tengo palabras, de verdad.

Después del deleite, nos decidimos a pasear de nuevo por los carteles y el bullicio de Doutonbori, qué sitio… pillamos unos heladitos en un konbini y cuando nos cansamos nos fuimos al hotel.

Bona nit!

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