Bangkok

📓 Cuaderno de bitácora · Día 4

Bangkok

Julio 2025 · Bangkok

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Todo lo que dorminos ayer, por el agotamiento del vuelo y la escala, hoy ni hablar, nuestro previa para quitar las legañas.

El plan del día es muy relajado, es lo bueno que tiene no ser rockies.

Lo primero, ir dando un paseo de 20 minutitos a la casa de Jim Thompson, un americano importante, comerciante de seda tailandesa a mediados del siglo pasado. Bueno, esa es la versión oficial, nuestra versión después del tour guiado, que merece la pena, y la exposición de fotos, es que era un gay de su epoca, que después de la Segunda Guerra Mundial decidió separarse, salir del armario a 10mil kilometros de casa y explotar a los trabajadores locales para su enriquecimiento personal y financiar sus excentricidades y gustos caros.

Resulta que siguen trabajando la seda a través de su Fundación, presidida por un albacea designado por el Estado, ya que casualmente no tuvo hijos, ni reconocidos ni bastardos en sus 50 años en Tailandia…

Si queréis ver una muestra de los diseños de la firma, aparecen varios en la tercera temporada de The White Lotus.

Nosotros compramos una funda de cojín chulísima para el sofá del despacho de Ruth.

Después de la visita, volvimos al hotel a dejar el souvenir, rehidratarnos en el 7eleven y aprovechamos para comer en un restaurante local, o puestecito callejero mejorado, que había al lado del hotel, habíamos pasado por delante varias veces, siempre lleno de locales y olía fantástico, así que era el elegido. Y sí, todo un acierto. Por 5,20€ comimos los dos unos platillos deliciosos… imbatible.

Una vez repuestas las fuerzas, nos fuimos a pasear por Chinatown.

Solo llegar, visitamos un templo budista chino y empezamos a callejear, fué instantáneo, desbloqueamos infinidad de recuerdos de nuestra primera visita hace 10 años, concretamente del día que se nos ocurrió patear desde el Palacio Real, a través de Chinatown hasta Wat Traimit por no llegar a un acuerdo con un tuktuk por 50 centimos… también llamado el día que, según Google, hicimos más pasos en toda nuestra vida…

Pues, como no podía ser de otro modo, fuimos de cabeza a Wat Traimit a demostrar que no era tan difícil llegar… después, desandamos el camino de entonces, recordando callejones, el caos del mercado de Sampheng, las motos pasando entre la gente, las tiendas a lado y lado… la locura. Bendita locura.

Empezó a llover, primero levemente, luego cuando decidió apretar entramos en un Starbucks. Tras el café, Grab y al hotel a darse un baño relajante con sales minerales… no voy a hacer el chiste, no voy a hacer el chiste, no voy a hacer el chiste…

¿Sales Minerales? No, hoy me quedo en casa.

Ale, ya está.

Despues del baño, nos arreglamos un poco para ir a deleitarnos en un restaurante Bib Gourmand de la Guía Michelín.

Habíamos leído acerca de la oferta culinaria de Phaya Thai, los puestos callejeros de Khao San Road y similares, la zona de Si Lom… y otros tantos. Pero confieso que no tenía ni idea de lo que había en Chula, junto al Estadio Nacional, hasta que vi nuestro destino en la Guía Michelín. Calles y cruces llenos de restaurantes y puestos callejeros, con prácticamente de todo, dulces, salados, Thai, Europeo, Chino, Yankee…

Concretamente nuestra elección era Jeh O, si lo ves desde fuera no dirías que la Guía Michelín lo lista como Bib Gourmand, tampoco dirías que Jay Fai tiene una estrella… pero es que la sopa Tom Yum que hacen en Jeh O… joder… levanta a un muerto.

Para entrar hay que bajarse una app para hacer una cola virtual, teníamos 102 mesas delante, una hora y algo… así que fuimos a callejear y a oler… de paso nos comimos unos pulpitos a la brasa a modo de aperitivo en uno de los puestecitos.

Ya en el Jeh O, pedimos la sopa picantita con un poco de arroz para rebajar y un platillo de cerdo crujiente, madre mía, estaba perfecto… todo por menos de 12 euros… de locos.

Después de eso, a Ruth le entró el antojo del dulce y fuimos a uno de los puestos que había fichado anteriormente, donde le hicieron un brioche de mantequilla calentado a la brasa y relleno de leche condensada… por si le quedaba algo de hambre… yo aproveché para hacer sitio a la sopa que bajaba…

Volvíamos caminando hacia el hotel, no habíamos mirado bien la hora… pero eran cerca de las 12, y decidió llover, con las ganas y el empeño de las tormentas tropicales… así que decidimos pillar el sky train, en la escalera de subida a la estación nos dieron la bienvenida unas ratas la mar de asquerosas, una concretamente quiso saludar después de que Ruth se pusiera a asustarla, me pasó entre las piernas la muy… qué desagradable…

Al llegar al hotel, finiquitamos maletas y a la cama, no se esperaba una noche mejor que la anterior en cuanto a sueño… pero, tocaba madrugar.